miércoles, 16 de abril de 2008

Querida mamá/Concurso literario 2007


Daniela era una chica de 11 años algo mimada, solo vivía con su madre, pero nunca la valoró.
Desde pequeña vivió alejada de su madre, no entendió nunca como todas las niñas siempre amaban a sus madres, pero ese sentimiento hacia su madre se debía a Su madre se llamaba Elena, ella era una mujer muy atareada, ya que su esposo la había abandonado; ella debía ocuparse de la casa, trabajar, cuidar de Daniela, etc. debido a eso no podía estar demasiado pendiente de Daniela y lo que sentía; ella le lavaba la ropa, le cocinaba, le ordenaba la habitación y las cosas que ella dejaba tirada por doquier.
Ambas vivían alejada la una de la otra, Elena trataba de acercarse a daniela pero esta huía de su madre, así pasaban su vida, ambas solas, ambas tristes.
Hacía ya un mes que se había declarado una guerra en el País vecino, las enfermedades y el hambre abundaban, pero en el lugar donde Daniela y Elena vivían estaban seguras. Hasta que un día unas personas exiliadas entraron ilegalmente al País. Eso ocurría constantemente desde que comenzó la guerra, pero esta vez era diferente, algunas de esas personas estaban infectadas de una peste mortal. La peste comenzó a expandirse, de persona en persona, de Ciudad en Ciudad, hasta que todo el País estaba con la peste en cada esquina.
Elena salió a trabajar, desconociendo la situación, fue a su trabajo como si nada, volvió a casa , su hija estaba durmiendo. Todo ese día siguió normalmente para Elena, que que no sabía lo que estaba por ocurrir. Elena despertó al otro día con un fuerte dolor de cabeza, pero eso no impidió que fuera a preparar el desayuno, mientras tostaba los panes sintió un fuerte mareo, el mundo le daba vueltas hasta que se desmayó. Despertó en el hospital, con su hija mirando a través de la ventana que había en la puerta de la habitación, notaba un cierto rasgo de preocupación en su rostro. Daniela al ver que su madre despertó abrió la puerta de golpe y se acercó a ella, le dijo:
- ¿Estás bien?
-Sí, creo, dijo algo sorprendida Elena, no creía que su hija se fuera a preocupar por ella. -¿Qué me pasó?
-Estabas desmayada cuando desperté, así que llamé a la ambulancia.
-Gracias, dijo Elena con una sonrisa algo débil.
Estaban aún hablando cuando entró un doctor en la sala.
-Señorita, tiene que retirarse, dijo este con voz grave.
-¿Por qué? ¿Qué tiene? dijo Daniela preocupada
_Le digo afuera dijo el doctor y salió de la sala
Daniela siguió al doctor, cuando salió de la sala el doctor la miró seriamente, luego le dijo:
-Dime Daniela ¿Has oido las noticias de la enfermedad que está azotando al País?
-Sí, dijo Daniela confundida. No podía asimilar esa noticia con lo que le pasaba a su madre.
-Bueno, tu madre la ha contraído, pero por los síntomas poco avanzados, creemos que fue hace poco.
-¿Es muy grave eso? Preguntó Daniela algo alterada y preocupada
-Bueno, aún no hemos descubierto la cura, además es una enfermedad mortal, si no se hace algo rápido la señora Elena morirá.
Daniela se sobresaltó, los sentimientos que llevaba ocultando a su madre y a ella misma despertaron dentrod e ella, todos esos años de estar alejada de su madre desaparecieron de su mente y lo único que importaba ahora era su madre.
Daniela desconsolada, esperó a que el doctor se fuera para entrar a la habitación de su madre; entró con los ojos llorosos, con la voz algo quebrada por llorar y con una mirada de angustia y preocupación por su madre.
- ¿Quieres que te ayude en algo? Preguntó Daniela
- No gracias hija, me siento bien, mintió su madre con una sonrisa forzada.
_ Pero yo de verdad quiero hacer algo por tí, dijo Daniela. Ya sé, ¿Quieres que te lea un cuento?
- Eso estaría bien dijo su madre sonriendo.
Daniela sacó un libro que solía llevar en su mochila, le leyó un cuento y lo comentó con su madre. eso hizo durante días, hasta que los cuentos de su libro se acabaron, después de eso, estuvo unos días solo hablando con su madre de cualquier tema, pero como siempre le había costado hablar con su madre, las conversaciones eran cada vez más cortas e incompletas.
Un día su madre se agravó, no pudo volver a ingresar a su habitación a escondidas como lo hacía siempre, tan grave se puso su madre que un día perdió la respiraciòn por unos momentos, su corazón casi se para, ya nadie veía que sobreviviera, así que perdieron las esperanzas. En un descuido de los médicos, Daniela ingresó a la habitación de su madre. Elena estaba allí dormida profundamente y parecía que ya no despertaría.
Daniela tomó una desición. Si su madre iba a morir, debía decirle que la quería, debía abrazarla, eso se proponía a hacer hasta que sintió una punzada en su pecho, el dolor era tan fuerte que no resistió y se desmayó.
Daniela despertó en una cama, estaba en el hospital aún; le dolía la cabeza y sus ojos le pesaban. Un doctor entró a su sala.
- Vaya, veo que ya estás despierta, dijo el doctor con voz de preocupación.
- Sí, estoy bien, ¿Qué hago aquí?
- Te desmayaste, estamos esperando los resultados de tus exámenes. será mejor que te quedes allí, dijo el doctor y salió de la sala.
- ¿Quedarme aquí? pensó daniela, ¿Cómo puedo quedarme aquí si mi madre posiblemente está muriendo?
Daniela se levantó de la cama, le dolía fuertemente la cabeza, pero de todas formas fue a la sala de su madre. Allí estaba Elena, recostada en su cama, pálida como un fantasma. Daniela entró silenciosamente y cuando se acercó a su madre un grupo de mèdicos corrió a esconderse. Los médicos entraron y se pusieron a hablar sobre Elena.
- ¿Qué decían los exámenes?, preguntó una mujer
- Esta mujer ya no tiene posibilidades de vivir, contestó un médico
- PObrecita, y su hija quedará sola, dijo la mujer.
- La niña se irá con ella, dijo el doctor que había visto a daniela.
- ¿ A qué te refieres?, preguntó un doctor
- La niña también contrajo la enfermedad.
- Vaya, esta peste ya no se puede combatir.
Daniela no podía creer lo que estaba oyendo, no solo iba a morir su madre, también ella estaba enferma y no tenía esperanzas de poder vivir. Daniela esperó a que los doctores se fueran y se acercó lentamente a su madre, no resistió más el verla ahí dormida, las lágrimas comenzaron a brotarle de los ojos, hasta que ya no pudo soportar más y rompió en llanto. Mientras lloraba, su madre despertó, la miró con esos ojos de comprensión, dulzura y cariño que sólo saben hacer las madres y le dijo:
- ¿Te sucede algo cariño?
Daniela levantó su cabeza, se enjugó las lágrimas y sonrió.
- Nada mamá, solamente quería que despertaras
- ¿De verdad? ¿ Y porqué querías que estuviera despierta?
- Quiero contarte un cuento dijo Daniela sonriendo.
- Pero, ¿No se te había terminado el libro?, preguntó la madre extrañada.
- Este es un cuento que no está en un libro, es un cuento mágico y hermoso que sólo podría estar en la mente de alguien que queire mucho a su madre, dijo Daniela haciendo gestos con las manos y sonriendo mientras hablaba.
- Quiero oirlo, dijo Elena sonriendo.
Daniela le contó un cuento de una reina y su hija, de cómo paseaban en dragones, hablaban con hermosas aves multicolores y pasaban todo el tiempo juntas, le describió un hermoso palacio con millares de habitaciones y centenares de patios donde la princesa y su madre pasaban el tiempo. Así pasaron el tiempo mientras Daniela contaba su historia y Elena escuchaba muy contenta.
Luego de contar el cuentoy de saltar y correr por la sala para demostrar con gestos todo lo que pasaba en su historia, Daniela se veía bastante cansada, así que se acercó a su madre, se acurrucó junto a ella, cerró los ojos y le dijo a su madre:
- Muchas gracias
- ¿A qué te refieres hija?

Gracias...
Por haberme querido, por haberme aguantado, por haberme dejado ser tu hija, por eso y mucho más te quiero agradecer y desearía pasar más tiempo contigo dijo Daniela sonriendo, pero con la voz más baja cada vez. Muchas gracias, pero debo despedirme dijo ya casi en un susurro.
- ¿Q... qué quieres decir? preguntó Elena preocupada
Pero ya era tarde, la niña se había dormido para no volver a despertar, aunque Elena sabía que ella seguiría viva en su corazón.

Pasó el tiempo y Elena se había curado completamente. Los médicos no lo podían creer, muchos decían que era un milagro, pero Elena sabía que su hija la había curado. Daniela en el cielo cuidaba de su madre, a quien por tanto tiempo había ignorado, pero sabía que estaba bien ya que su amor le había llegado a su madre antes de que le llegara la hora.
Daniela miró hacia la tierra y Elena miró al cielo, aunque no se vieran, sus miradas se encontraron y ambas dijeron al mismo tiempo:
GRACIAS
Shiro

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